EL FETO NO ES UN SER HUMANO

 

 

Apuntes sobre la “campaña Para una vida mejor: dona por un aborto ilegal” de Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual (CUDS)

Jorge Díaz Fuentes1

 

 

 

en materia de reflexión sobre los sexos, la opinión prima sobre la demostración; escoger su campo, atrincherado, tranquiliza a todo el mundo. Propongo invertir, y ante todo, construir un espacio crítico. Éste falta cruelmente”

Geneviève Fraisse

Política de las imágenes

El feminismo en general posee estrategias tradicionales para hablar y representar la política del aborto. Medidas gubernamentales, prácticas médicas y ciertos segmentos más bien conservadores, centran completamente su foco de atención en observar a las mujeres como centro de disputas entre lo que se expulsa y lo que se anida durante el embarazo. Así, es generado el imaginario de la mujer como una barrera selectiva y semipermeable donde estrictos mecanismos de control regulan los intercambios entre un medio “externo” y un “interior” fisiológico.

Podríamos decir problemáticamente que es la imagen de la “mujer”, la imagen hegemónica de la representación política feminista pro-aborto. A veces esta imagen es más bien una víctima, otras veces una mujer empoderada que deslegitima cierta violencia que pareciera siempre le es propia. Pero en la polémica por el aborto surge otra imagen, una imagen que a veces parece desbordar esa sola “mujer”: esta es la imagen del feto.

Ya se ha reflexionado que la actual es una sociedad del espectáculo donde el tráfico de las imágenes termina por anclarse a ese lenguaje del mercado que se jacta de renovar rápidamente todo aquello que interrumpe su cadena de producción, hablando rápidamente el lenguaje de la obsolescencia como dispositivo de una modernidad que goza de borrar rápidamente su memoria. Las imágenes tienen la posibilidad de fabricar mundos, esto es, de construir las ecologías de lo visible que estructuran el nicho donde establecer las relaciones y sus resistencias. De esta manera cuando la política—entendida como la organización policial de las sensibilidades en el espacio de lo común—se asocia peligrosamente a las imágenes para decirnos cuál es el mundo que deberíamos habitar, cuál cuerpo tener o qué hacer con él, es cuando deberíamos sospechar de ciertos discursos que construyen lo “real”. Debemos dudar de la construcción de ese real más aún cuando estas tecnologías de lo visible nos hablan siempre de una vida como posibilidad, pues actualmente el feto no existe sino es en su exceso de visualidad, en su saturación de significados, en su visualidad esparcida que no lo restringe sólo a un lugar, es decir, está construido en el proceso semiótico-material que implican las tecnologías de visualización: cámaras de alta definición, fibras ópticas, máquinas de ultrasonido, pantallas en tres y cuatro dimensiones. De esta manera, cuando una mujer se expone a esta tecnología visual que quiere insistentemente hacer aparecer una figura de algo así como un “humano” todo el aparataje biomédico se organiza para promover la clásica asociación de la mujer a su supuesta y atávica figura: la de ser madre.

Paradójicamente, a pesar que pareciera que el feto no está en ninguna parte precisa, su aparecer en todo lugar es siempre una amenaza. Su hiperrepresentación produce una alarma pública, ya que siempre conlleva el peligro de muerte. “A una embarazada debemos dar el asiento en el transporte público, porque sino hay peligro de pérdida”2. Nos preocupa más esa cuestionada promesa humana, que las pequeñas muertes que habitamos diariamente quienes nos ubicamos en el borde (o, mejor dicho en el desborde) de la actual norma sexual.

Como activistas de la Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual (CUDS) cuando salimos a la calle o difundimos en redes la “Campaña Dona por un Aborto Ilegal” lo que se pone en disputa no es tanto la imagen de la mujer, sino una imagen del feto: el feto parece ser un signo que siempre significa vida, pero a la vez también el miedo a la muerte. El feto es pura vida, una vida que parece ser dueña de quienes no apoyan el aborto. Pero creemos que debemos corromper los significados restrictivos y normativos que rodean al feto como figuración puesto que sabemos que la figura del feto es un significado más bien asociado a las marcas de la humanidad, la descendencia, la familia, la nación, es decir, unas marcas hegemónicas de lo vivo, lo normativo y el origen. De hecho, la historiadora alemana Bárbara Duden ha afirmado que la figura del feto funciona como un “sacrum” moderno, esto es, una figuración donde convive lo sagrado.

De esta manera, la campaña al apropiarse de la figura del feto lo que haría sería reproducir y poner en evidencia la disputa en torno a su imagen. En otras palabras, sería visibilizar una tensión a través de la representacion política en torno al aborto. Lo que opera aquí es una especie de apropiación del signo más utilizado por los anti-aborto.

 

Así, el utilizar esta imagen, lo que se hace es –primero- desplazar la cuestión de la “vida” como algo metafísico o pre-destinado (“la vida del que está por nacer”) a lo concreto experiencial (una mejor vida para las mujeres). Y segundo, la campaña podría provocar un cortocircuito del signo “feto”, para de-construir su uso en el discurso antiaborto.

Hay que pensar que mostrar al feto, hacerlo “aparecer” fue una estrategia que les sirvió a los grupos conservadores tal vez más que cualquier otra. De esta manera, al producir confusión (en el uso del feto), lo que la campaña podría estar demostrando es que las “tomas de posición” anti-aborto en gran parte son “ficcionales”, puesto que se basan en la eficacia de la utilización de ciertas imágenes como en una eucaristía, en la cual el pan pasa a tener la forma de un cuerpo sagrado según un acto mágico, irracional y místico.

De hecho, la feminista estadounidense Donna Haraway ha asegurado que “la imagen visual del feto es como la doble espiral del ADN: no un mero significado de la vida, sino también ofrecido como la cosa-en-sí. El feto visual, de la misma manera que el gen, es un sacramento tecnocientífico. El signo se transforma en la cosa en sí a través de la transubstanciación mágico secular ordinaria (.....) la cultura visual científica secular está al servicio inmediato de las narrativas del realismo cristiano”3

Políticas Drag

Pensamos esta campaña más bien como una política “drag”, es decir, como una estética que constituye un uso paródico de significantes para desnaturalizar ciertas figuras que parecieran ya saturadas por una sola definición. De esta manera, más que reivindicar un cuerpo natural, es relevante poner en conflicto las estéticas de las políticas en torno al cuerpo. En la “Campaña dona por un Aborto Ilegal” hay una apropiación de los signos y estéticas de las campañas de voluntariado que intentan sopesar el dolor de aquellos cuerpos que padecen la enfermedad a través de la lógica desigual de la caridad y el cuidado. Campañas dedicadas siempre a cuerpos donde ejercer la solidaridad: personas con VIH, ancianos, personas sin hogar, niños quemados y mujeres con cáncer, estos son algunos de estos cuerpos. Y es aquí, en esta estética política, donde insertamos el problemático cuerpo de la mujer que aborta.

Entendemos que una “política drag” es una práctica que usa (o cita) la demanda de una identidad que no es la propia (en este caso el de la mujer heterosexual), para re-configurarla produciendo en cierto modo un cortocircuito a la acción política tradicional del activismo de mujeres. Y el resultado es una apertura del marco clásico del feminismo.

El Feto no es un ser humano” ha sido una de las frases más polémicas en toda la disputa que ha generado la “Campaña Dona por un Aborto ilegal”, pues más que la discusión del aborto y las políticas públicas en torno el aborto —la cuestión más “real” o técnica de esta política— lo que ha generado más debate es precisamente una cuestión de carácter filosófico: la cuestión de la “vida” y los límites de la humanidad. Así, la cuestión que parece defenderse es el valor significativo de este feto que desplaza a la mujer. La frase "el feto no es un ser humano" no es una reflexión funesta o imprecisa, más aún cuando hasta hace muy poco las mujeres y los niños tampoco eran reconocidos como "humanos". Se decía que las mujeres, y los pueblos ignorantes alejados de la concepción del mundo cristiano occidental no eran humanos. Sólo podían adquirir esta calidad si se les incorporaba a la educación católica y occidental de la culpa y el castigo. “Si pese a los esfuerzos realizados, si a pesar de la educación entregada, siguen comportándose como “niños” es porque no pertenecen realmente a la misma clase de seres llamados humanos” nos recuerda acertadamente la feminista chilena Alejandra Castillo en su análisis sobre la “inhumanidad de las mujeres”4.

Es en espacios como éste que se entiende la insistencia del feminismo contemporáneo en reflexionar sobre los límites de lo humano, quién lo define y cuáles son las posibilidades de imaginar mundos posibles e inapropiables desde donde escaparse de la ficción mundana que define lo que es o no humano.

Hay una gran insistencia humanista en los conceptos de vida y claro la gran cantidad de genocidios y muertes en nuestra historia reciente son un punto a considerar. Pero no podemos quedarnos en la melancolía de querer que nuestras identidades sean inmanentes sino más bien cuestionar esos patrones modernos de representación de la vida. Ahí la figura del feto es, sin duda, un importante territorio que dicta hasta qué punto los niveles de organización celular serían considerados como humanos, sin cuestionar ni integrar los patrones sociales que determinan eso mismo.

No existe algo así como una ciencia pura o una naturaleza que tenga que buscarse para poder leer los códigos de lo biológico. Los científicos y los médicos no son los poseedores de una verdad completa, sino más bien son reproductores de patrones que otros dictaminaron como lo correcto. Entre lo científico y lo social no hay distancias, sino más bien zonas de transición donde estar atentos. Nos interesa trabajar en esa transición.

No hay que buscar respuestas sólo biológicas para un tema como el aborto, eso no existe. Si Darwin no hubiera leído las tesis de Malthus, que explicaba el crecimiento poblacional y la distribución de los recursos, hubiera sido muy difícil que naciera su manoseada teoría de la evolución. Es decir, que si no hubiera ampliado sus marcos de percepción del mundo, jamás habría llegado a pensar en la selección natural. En el aborto están en jaque las importantes ansias por la emancipación, de la cual debemos hacernos cargo.

Es producto de un error pensar que quienes luchamos por el aborto seamos catalogados como promotores de la muerte, pues más que matar o no matar a un conjunto de células, nos interesa luchar por la vida de las mujeres: mujeres que están obligadas a ser madres, muchas mujeres sin recursos para las cuales la maternidad funciona como un modo explícito de esclavización.

En los medios de comunicación y en la política hay un interés ridículo por hacer hablar a expertos “altamente calificados”, es por eso que nos produce extrañeza que nunca inviten a feministas a hablar sobre aborto, sino siempre a la industria biomédica y al clero. Ahí reconocemos que esa incomodidad del feminismo existe porque justamente habla de un cuerpo politizado. Un cuerpo político que no sería en Chile digno de solidaridad, pues todo lo que visibiliza una ideología es criminalizado.

Por esto la política homosexual, a diferencia del feminismo ha logrado un gran éxito. Justamente a través de una política liberal en donde las palabras homogeneidad e igualdad desaceleran la interrupción en la diferencia, en la pérdida del sexo como agente contaminante para quedarse como una igualdad burguesa, blanca y de clase media alta. Así, en Chile los homosexuales reconocidos por el Estado no son cuerpos polémicos.

Finalmente esta campaña actúa desde el intimidar, el incomodar tanto a quienes están a favor o en contra. Y es que el tema del aborto NO SE REDUCE A ESTAR A FAVOR O EN CONTRA, no sirve de nada decirse a favor del aborto, eso es sólo cuantificar la política, quienes están más o menos a favor. Es mejor compartir experiencias sobre el aborto, decir y afirmar que MUJER NO ES SINÓNIMO DE MADRE.

1 Biólogo, feminista y miembro de CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual)

2 Hemos profundizado en las discusiones sobre la imagen pública, política y médica del feto en dos artículos publicados en la Revista del centro de Estudios de Género y Cultura de América Latina NOMADÍAS. ¿Qué es un cuerpo seguro? el feto entre política y comunicación, de Cristian Cabello y Trampas genéticas y prácticas de la visibilización: discusiones de una imagen política del feto, de mi autoría. http://www.revistas.uchile.cl/index.php/NO

3 Haraway, Donna. Testigo_Modesto@Segundo_Milenio.HombreHembra©_Conoce_Oncoratón®. Feminismo y tecnociencia. 1ªed. Barcelona: Editorial UOC, 2004.

4 Castillo, Alejandra. “La inhumanidad de las mujeres”. Revista de cultura Papel Máquina. Palinodia, 2010.   

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