gritar/hablar/decir


Marchas, textos y otros lugares de dis-puta

 

 “Para todos los sistemas de machos y fachos la mujer es una puta; mueran los sistemas, vivan las putas”

Graffiti de Mujeres Creando

Mónica Eraso J.

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La perra se encuentra “entre el estigma y la potencia” para citar el título de la conferencia de Jorge Palomino1, si bien funciona como insulto cotidiano, la palabra perra ha sido, desde hace por lo menos 12 años, uno de los lugares de enunciación de una línea importante del feminismo contemporáneo, una línea que propone la necesidad de apropiarse radicalmente del propio cuerpo como lugar de resistencia micropolítica.  

Perra se usa hoy sobre todo como un apelativo hacia las mujeres o sujetos identificados como mujeres, que por su manera de vestir o de actuar, dan la sensación de ser portadorxs de una sexualidad activa y placentera.

Al parecer,  la relación entre mujeres y perras viene de 1770, cuando en un creciente interés sobre la reproducción humana, Lazzarato Spallanzini, un médico/sacerdote, entra a experimentar con perras, demostrando que el orgasmo femenino (en ese momento considerado necesario para la fecundación) no tenía injerencia en la reproducción2.  Perra es entonces esa persona que,  aún sabiendo que no necesita de su propio placer para concebir, sigue sin reprimir su deseo y continúa tercamente intentando procurarse placer.

Veintidós años después del descubrimiento de Spallanzini, Mary Wollstencraft escribió la “Vindicación de los derechos de la mujer” tras notar que los derechos que proclamaba la revolución francesa, no la incluían en tanto que ella no era ni hombre ni ciudadano.  Wollstencraft sería apodada “Hiena con enaguas”.

Pero hiena, no es la primera vez que se designa como canidae a un sujeto incómodo (por incómodo podríamos acá entender a todxs aquellxs que no se concebían dentro de la noción de ciudadanía de la revolución); la palabra cholo con la que habitualmente se designa a indígenas y campesinos en algunos lugares de Suramérica “quiere decir perro, no de los castizos (raza pura), sino de los muy bellacos gozcones; y los españoles usan de él por infamia y vituperio”3.  Cholo es una de esas palabras que encarnan una lucha por su significación, desde la reapropiación del término cholo por parte de los pachuchos en la década de los 60 en el contexto de los movimientos “ethnic power”4 , hasta el uso irónico del término, en la página web cholonautas (cholonautas.edu.pe).

Una lucha, entre otras cosas, por la resignificación de la palabra “Puta” se dio este año en varias marchas que recorrieron 13 países.  El 3 de Abril del año en curso, las calles de Toronto se llenaron de putas, o más bien de “sluts”. Era la primera slutwalk, que recorrería durante el año 2011 distintas ciudades del mundo.  Al traducirse al español para realizar marchas en Méjico DF, La Paz, Tegucigalpa, Lima, Buenos Aires, etc. se optó por el nombre: “La marcha de las putas”.5*

Las traducciones son siempre problemáticas, pues no solamente implican una traducción lingüística, sino también –y seguramente sobretodo- una traducción de contexto.  Me resulta más fuerte el termino puta al de slut, en parte porque mi “lengua madre” es el español, y cualquier palabra en esta lengua me resulta más emotivamente cercana que su traducción anglófona, pero también porque puta, no es exactamente slut6.  Slut se define como : “Un término peyorativo aplicado a un individuo que se considera de moral suelta o que es sexualmente promiscuo.  Este término es generalmente aplicado a las mujeres y es un insulto o término ofensivo de menosprecio que significa sucia o descuidada”7.  En este sentido parece que Slut estaría más cercano a la traducción Perra. El énfasis, al parecer, también se sitúa en la perra en una “moral suelta” y en una “vida sexual promiscua”. Puta, extrañamente, no aparece ni en la Wikipedia ni en la RAE .  Está o hijo de puta, o casa de putas o bien “prostitución”.

La enciclopedia libre define la prostitución de la siguiente manera: es la "actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero, aunque suele considerarse del mismo modo cualquier otro tipo de retribución”.

Aunque la definición queda bastante abierta, al considerar cualquier tipo de retribución como condición para hablar de prostitución (y esto definiría como prostitución a muchas relaciones socialmente aceptadas8) es una definición distinta a la de slut, en la que no se menciona el hecho del intercambio comercial,  sino que se vincula más bien con una característica moral. 

En cualquier caso, las palabras no solamente se definen en la RAE o en la Wikipedia y en el uso social la palabra puta, se puede equiparar a slut, en tanto que puta no solo designa la persona que participa en un tipo de actividad económica, sino también a una persona a la que se atribuyen un tipo de sexualidad, una forma de vestir  y una forma de vida y que se usa para designar personas que participan en una amplia variedad de actividades económicas.

Fue justamente la referencia a una “recomendación” que hizo el policía canadiense Michael Sanguinetti sobre el tipo de ropa que deben usar las mujeres (a saber, que para evitar ser violadas las mujeres deben dejar de vestirse como putas) la que desencadenó la Marchas de las putas en más de 75 ciudades alrededor del mundo.  Para algunas feministas, el uso del término fue desafortunado porque está profundamente enraizado en la visión patriarcal de la sexualidad femenina dentro de la dicotomía “virgen/puta” y es por lo tanto un término irredimible9.

Sin embargo, la lucha por el significado de las palabras, es algo que ocurre.  Se puede ignorar, se puede silenciar como  hacen  la Wikipedia y la RAE.   Se puede apelar por un lenguaje políticamente correcto en algunas instancias, pero los insultos siguen designando sujetos.

Cada insulto carga consigo siglos de historia que se encarnan en situaciones específicas y que designan a sujetos específicos.  Seguramente todas hemos sido llamadas puta alguna vez y seguro a todxs nos han dicho “hijueputa”.  Este desfase entre la frecuencia del uso popular del término y el silencio sintomático que guardan los entes designados para definir las palabras hace evidente la posibilidad de configurar otras conexiones que nos permitan revisar el término, disputando material y discursivamente su sentido.

Lo que me resulta molesto es  la constante afirmación en los medios de comunicación, de que la marcha de las putas, no es en realidad una marcha de las putas, al aclarar que “La manifestación, una réplica de marchas realizadas en otras partes del mundo, no fue una caminata de prostitutas10, sino de mujeres, hombres y niños, la mayoría en ropa de calle, unidos para llamar la atención sobre los comportamientos ofensivos hacia las mujeres”11.   (También molesta que llamen global a una marcha que ocurrió más que nada en América y Europa, pero esa es una nueva moda “global” a la que no me referiré ahora).

Por un lado, al anunciar que no son prostitutas sino mujeres, hombres y niños, se relega a las prostitutas al campo de lo no humano, (teniendo en cuenta que lo que se entiende por humano, debe caber a puños o a patadas en alguna de estas categorías marcadas por la obligatoriedad de situarse, en una de las partes del binomio hombre/mujer).  Por otro lado, esta negación no hace más que neutralizar el potencial desestabilizador de la marcha de las putas y reinscribir la diferencia putas/mujeres (de bien), recalcando que lo indignante es el comportamiento ofensivo hacia las mujeres, éstas claro en abstracto. A las putas, que les pase lo que les pase, por putas.

¿Qué invoca la palabra puta para convertirlo en el insulto más común en lengua castellana?¿Qué es lo que nos ofende de ser llamadas putas o hijueputas? ¿Qué hace posible que tanto la izquierda como la derecha llamen hijos de puta a sus opositores? ¿Qué dicen al respecto las prostitutas?

Gail Pheterson explica que los conceptos de “prostitución” y “prostituta” funcionan como un “regulador institucionalizado de los preceptos de género ante cualquier conducta transgresora por parte de las mujeres o de personas identificadas como mujeres dentro de un contexto, dado que puede suscitar el estigma de “prostituta” y de “puta” y sus consecuencias punitivas”.12

En este sentido, el apelativo puta funciona como estigma no solamente para las prostitutas, sino para todas las mujeres, al activar un dispositivo disciplinario interno que previene a los cuerpos de transgredir las normas.  El miedo hacia el estigma de “puta” hace posible que no se baje la (al) guardia,  que se obedezcan las leyes, que se encaminen las energías hacia la producción de capital, que no se levante la voz. Sensuales pero no putas, tampoco frígidas, ni amargadas, ni machorras. Sensuales y pasivas, saber seducir es saber esperar, provocar, no llevar el mando, no ser putas, nunca putas.   Mientras la defensa de “la mujer”  es una empresa loable, cualquier acto que se considere inapropiado para una “chica decente” justifica la violencia.  El estigma de puta,  sirve entonces no solo como dispositivo disciplinario, sino como elemento de división entre las mujeres. Veamos cómo lo explica Nancy Prada : “¿Cómo funciona? Fácil: dividan a la mitad de la población mundial (las mujeres) en dos grupos: las buenas y las malas. Entre las buenas están sus mamás, sus hermanas, sus tías, sus novias, sus hijas... sus abuelitas, cómo no, (aunque en toda familia siempre hay "ovejas negras" -cuando no "ovejas rosas"- que serán inmediatamente excluidas de este primer grupo). Entre las otras, las mujeres malas, están las prostitutas, las promiscuas, las lesbianas, las que salen solas a los bares, y toda la que se resista a estar bajo el protectorado de un "varón que responda por ella"13. 

Cartel del Colectivo Hetaria, para las manifestaciones del mov. 15-M en España. 

Pero el bando de las malas, lejos de ser un bando de víctimas, es un bando políticamente activo, se puede entender esta “Marcha de las putas” como una heredera de las iniciativas de las activistas prostitutas que hace décadas están organizándose y luchando por sus derechos sociales y laborales, pero que al ser evidentemente trabajadoras sexuales, no han tenido ni la repercusión en los medios, ni la acogida de las multitudinarias marchas de las putas.14 

GRITAR/HABLAR/DECIR

¿”Podría acaso el lenguaje herirnos si no fuéramos en algún sentido seres lingüísticos
seres que necesitan del lenguaje para existir”?
Judith Butler

A continuación se presentarán  cuatro trabajos que aparecen en la revista : Perra habl@, de Natalia Iguiñiz, y el texto de María Teresa Garzón “Si te dicen perra tienen razón”, “¿Dijo usted Lesbiana?” de Angela Robles, y “Me gritaron Negra” de Victoria Santacruz.

Este grupo de trabajos hablan sobre negociaciones nominales desde sujetos específicos, esos sujetos que históricamente forzaron al feminismo blanco y hetero a darse cuenta de la no inocencia de la categoría “mujer”, llevando a cabo una  dislocación del sujeto del feminismo que permite dar paso a enunciados de afinidad política más que a reivindicaciones identitarias.

Los cuatro trabajos tienen en común la  inclusión de una palabra que remita al acto de habla en sus títulos: gritar, hablar, decir.   Seguramente no es una pura casualidad el énfasis que los trabajos dan a lo discursivo, lo que problematizan no es la identidad entendida como una esencia, sino las disputas que liberan los cuerpos para negociar su lugar en el mundo, presentando distintas estrategias subversivas que se constituyen desde la injuria haciendo tambalear las marcas de opresión.

En este sentido, vale la pena retomar el texto de Judith Butler “Lenguaje, poder e identidad”, para dar luces sobre los cruces entre discurso e identidad propuestos en los trabajos presentados.

En una lectura cruzada entre Althusser y Austin, Butler se pregunta por el poder performativo del lenguaje de odio.  De Althusser retoma la noción de interpelación,  el llamado de la ideología (del cual no podemos escapar) mediante el cual pasamos a convertirnos en sujetos. De Austin retoma la noción de performatividad del lenguaje, esa cualidad de las palabras que no solo describen cosas sino que hacen cosas.

Basándose en estos dos conceptos, plantea que el lenguaje tiene un papel fundante en la constitución de sujetos que son interpelados desde la injuria, pero no se  va a detener en este planteamiento, que vendría a confirmar que el lenguaje del odio siempre logra con su cometido:  silenciar a quien se dirige.  En este sentido se pregunta si  “¿Existe una repetición que pueda separar el acto de habla de las convenciones que lo sostienen de tal modo que su repetición en lugar de consolidarlo, eche por tierra su eficacia nociva?”

En este punto entra a llamar la atención sobre el hecho de que el performativo social no solamente es crucial en la formación del sujeto, sino que es también el que posibilita futuros cuestionamientos políticos y la reformulación del propio sujeto.  Abre entonces la posibilidad de plantear el acto de habla como acto de insurrección que a partir de la resignificación de los términos sea capaz de resignificar la vida social.

“PERRA HABL@”

El colectivo La perrera (Natlia Iguiñiz/Sandro Venturo), empapela la ciudad de Lima con carteles que proponen qué hacer “Si caminas por la calle y te gritan perra”. La inversión que hace La perrera de lo que se espera como respuesta causa desconcierto. 

Afirmar que “Si te dicen perra tienen razón porque te pusiste una falda muy corta y traicionera” no es algo novedoso, al contrario,  es  la reinscripción de un acto de habla cotidiano, es la invocación de una frase con la que todas hemos sido prevenidas, es el consejo que hace el policía de Toronto.

Entonces ¿Por qué una frase cotidiana resulta tan perturbadora?  Se podría atribuir la conmoción que una frase repetida hasta el cansancio, causó agitación en el trabajo de Iguiñiz, porque fijaron en imagen y palabra, discursos que recorren el cotidiano, pero que al ser políticamente incorrectos, difícilmente alcanzan la palabra escrita, y menos aún el texto público.  A finales del siglo XX el lenguaje políticamente correcto se había apoderado de la mayor parte del discurso público, de manera que los conflictos no resueltos quedaban elegantemente escondidos detrás de un lenguaje inclusivo.

Vozal presenta la vida de los carteles en las calles y las discusiones que suscitaron tanto en la web como en la televisión.


SI TE DICEN PERRA TIENEN RAZÓN

María Teresa Garzón, va a proponer un análisis muy agudo sobre el  trabajo Perra Habl@.  Comienza con una revisión histórica sobre los usos de la palabra perro en América Latina para  analizar la doble subversión identitaria que produce la perra “repetida, deconstruidea y vuelta a construir” en el trabajo de Iguñiz.  María Teresa explica la posibilidad de crear nuevas identidades políticas capaces  a la vez de desestabilizar las identidades fijas que nos han sido asignadas y de construir nuevos agenciamientos; en este sentido ve un gran potencial  en el uso político de las herramientas estéticas y tecnológicas como plataformas de coalición para feminismos latinoamericanos.  


¿DIJO USTED LESBIANA?

En Bogotá, a partir del 2010, empiezan a  aparecen carteles con las palabras Areperas, Gayinas, Machorras  y Camioneras.  Los carteles son parte del proyecto ¿Dijo usted lesbiana? de Ángela Robles.  La fuerza tanto de las palabras que se utilizan, como de las escenas cargadas de sexualidad, se acentúan en una ciudad como Bogotá, en donde la visibilidad lésbica es poca y que generalmente cuando se presenta (a no ser en el cine de lesbianas para heterosexuales) aparece como una relación más de carácter filial que sexual;  los carteles intervienen en ese silencio, apelando a  una uso subversivo tanto de las imágenes dominantes, como de los insultos  fagocitados y expulsados.  El trabajo de Robles  perturba el espacio público y muestra la fragilidad de las nociones supuestamente fijas con las que se construyen las divisiones entre público y privado, sujeto y objeto del conocimiento, normal y anormal.

ME GRITARON NEGRA canta Victoria Santa Cruz.  ¿Es un insulto ser interpelada como negra?  Las palabras son o no insultos dependiendo del contexto, no solamente del contexto específico del cuerpo que las emite y al cuerpo al que interpela, sino también el contexto histórico que cargan consigo.  Negro es una palabra incómoda en el habla latinoamericana, porque está cargada de racismo, es por eso que se utilizan eufemismos como “gente de color” o se intenta suavizar paternalistamente la palabra utilizando el diminutivo: “negrito”.

“¿Qué cosa es ser negra?” se pregunta Santa Cruz en la canción.  La pregunta desplaza la significación de lo negro a un lugar que no está en el cuerpo. Al preguntarse qué cosa es ser negra, Santa Cruz pone en evidencia el carácter de construcción social de lo negro.  Si hasta el momento no sabía que era negra, no era porque no hubiera notado el color de su piel, o las características de su cara, sino porque no sabía hasta entonces, de qué manera la noción de lo negro inscribe en los cuerpos una taxonomía racista, taxonomía que se vale de ciertos rasgos físicos para inventar una noción (la de raza) que no es otra cosa que la noción que usó la hegemonía europea para distribuir la repartición del trabajo y la riqueza entre distintos cuerpos (blancos, indios, negros) a partir del “descubrimiento de América”.

Negra debe considerarse en el performance de Santa Cruz como un acto performativo, (no describe nada),  es una invocación ritualizada que produce en el sujeto al que interpela una posición de identidad. 

Si un performativo es provisionalmente exitoso, dice Butler, (y el éxito siempre será provisional), “no es porque una intención gobierna exitosamente el acto de habla, sino solamente porque ese acto de habla hace eco de acciones anteriores y acumula la fuerza de su autoridad por medio de la citación de prácticas autoritarias de citación anteriores”.  Así cuando a Santa Cruz le gritan “Negra” se invoca la tradición de la esclavitud, que remarca una serie de rasgos corporales a los que más tarde también aludirá la canción:

“Y odié mis cabellos y mis labios gruesos y miré apenada mi carne tostada” 

Es de esa manera que la palabra negra la entra a interpelar y desde donde Santa Cruz va a empezar a negociar su corporalidad y su posición ante este “insulto”.

Santa Cruz elige llamarse negra, como lugar de enunciación que burla los eufemismos  “Que para evitarnos algún sinsabor llaman a los negros gente de color”, poniendo de relieve que el lenguaje políticamente correcto, solamente tapa con un dedo, una discriminación que es estructural.

El trabajo de Victoria Santa Cruz, cierra la sección sobre lenguaje e introduce a la sección sobre raza.

  

1 PALOMINO, Jorge (2011). La perra y sus actos de subversion: entre el estigma y la potencia. Conferencia en  el círculo LGTB Uniandino disponible en http://www.livestream.com/lgbtuniandino/video?clipId=pla_4d32c066-3560-419e-abb4-d60d09cd1072&utm_source=lslibrary&utm_medium=ui-thumb

2 LAQUEUR , Thomas (1997). Making Sex, Body and Gender from the Greeks to Freud, Cambridge MA, Harvard University press.

3 DE LA VEGA, Inca Garcilazo (1609).  Comentarios Reales de los Incas, Lisboa.

4  CUMMINGS, Laura L. 1992 Cloth-Wrapped People, Trouble and Power: Pachuco Culture in the Southwest, Tuxon, University of Arizona

*5 Aprovecho para difundir la Marcha de las Putas que se llevará a cabo en Cai el 25 de Febrero de 2012.

6Slut or slattern is a pejorative term applied to an individual who is considered to have loose sexual morals or who is sexually promiscuous. The term is generally applied to women and is an insult or offensive term of disparagement, meaning "dirty or slovenly." WIKIPEDIA

7 Emma Goldman, planteo esa discusión en 1924 en “La hipocresía del puritanismo”

8 Una discución al respecto se puede encontrar en:  http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2011/may/08/slutwalk-not-sexual-liberation

9 La negrilla es de lavanguardia.com

10 http://www.lavanguardia.com/internacional/20110613/54169600792/la-marcha-de-las-putas-reclama-respeto-para-las-mujeres-en-mexico.html

11  PHETERSON, Gail  (1996) El estigma de la prostitución, Madrid, Talasa.

12PRADA, Nancy (2009).  Zorra exhibicionista, El sexo de Sofía, blog de El tiempo

13 Desde 1975, el 2 de junio se celebra el Día Internacional de las Putas. Un día no oficial, por supuesto, pero sin embargo proclamado y propagado por prostitutas y por las asociaciones en defensa de las trabajadoras del sexo, sobre todo en Latinoamérica y Europa.

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