El regreso de las perras xoloitzcuintles

EDITORIAL                                                              

     

Una de nosotras, producto de una gran mezcla genética es llamada de “raza pura”.  La otra, igualmente producto de una gran mezcla genética es llamada blanca.  Cada uno de estos nombres designa un discurso racial y las dos heredamos sus consecuencias en nuestra carne”.

Donna Haraway

Coyotes, colibríes, fetos, cyborgs, vampiros, mujeres-border, perras Xoloitzcuintles y perr@s Kiltr@s , machorras, lobas, indígenas y alienígenas asoman sus hocicos, sus picos, sus brazos, sus tetas en los pantallazos de esta edición.  La bio-diversidad monstruosa que asiste a esta fiesta no es casual, siempre nos hemos sentido moscos en leche y desde ahí hemos decidido articularnos.  En el borde de lo humano estas criaturas nos invitan imaginar políticas post-identitarias, que permitan dar cuenta de la complejidad del mundo que habitamos,  pero también del mundo que nos habita.

La primera frontera imaginada es la piel, una membrana que nos hace sujetos.  Afuera el mundo, adentro yo.  Lo que encontramos en este número es un desplazamiento de fronteras, una apuesta por la multiplicidad del sujeto, un tránsito promiscuo entre cuerpos y categorías que permiten imaginar el mundo que deseamos.

Esto no implica, que no tratemos de las marcas identitarias inscritas en nuestra piel y en nuestra carne, se trata más bien de un ejercicio de desnaturalización y de extrañamiento con la manera en que entendemos nuestros cuerpos y la genealogía tanto cristiana como biológica que sitúa al humano como fin último de la creación, al fin y al cabo, dentro de la categoría de humanos, las putas, lxs negrxs, lxs indígenas, las lesbianas, lxs sin techo, lxs migrantes, lxs tullidxs no siempre hemos terminado de caber.

Luego de haber sacado un primer número de la revista Vozal como perras que se piensan un cuerpo Sudaka desde Barcelona, decidimos seguir enredando la pita de las categorías. En este sentido, ser perras, sin más, no nos es suficiente,  pertenecemos al cajón de las perras racializadas, un tipo de perra atravesada por la colonialidad.

Xolot es nuestro apellido provisional, Xolot, la deidad azteca del inframundo nos acompaña.  Somos perras xoloitzcuintles, perras monstruosas, perras pelonas. Demasiado oscuras, demasiado complicadas y no suficientemente atractivas para pasear entre carteras made in China.

Desde el Frankenstein de Mary Shelley, los monstruos siempre han estado de nuestro lado. El feminismo es,  retomando el título de la serie fotográfica de María Isabel Rueda,  una Nueva Polución, una enfermedad contagiosa que transforma nuestros cuerpos.

Los textos acá presentados hablan de cuerpos en resistencia y también del tipo de conocimiento que éstos han producido.  Cuerpos utópicos y desestabilizadores, saberes que se han escrito desde el cuerpo y que nos han contagiado.

Lxs dejamos con Vozal 2, el regreso de las perras Xoloitzcuintles.

 

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